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QUE DEBERÍAS SABER SOBRE LA OBESIDAD INFANTIL

Lo primero que debemos saber es como se define el sobrepeso y obesidad en la infancia.

En los adultos, se utiliza el Índice de Masa Corporal (IMC), que es igual para todos los mayores de 18 años y de ambos sexos. Se considera sobrepeso cuando el IMC es igual o mayor de 25  y obesidad cuando el IMC es igual o mayor de 30.

En los niños, debido a que están en periodo de crecimiento, se utilizan otros parámetros:

Niños menores de 5 años:

  • El sobrepeso es el peso para la estatura con más de dos desviaciones estandard por encima de la mediana establecida en los patrones de crecimiento infantil de la Organización Mundial de la Salud ( OMS ).
  • La obesidad es el peso para la estatura con más de tres desviaciones estandard por encima de la mediana establecida en los patrones de crecimiento infantil de la OMS.

Niños entre 5 y 19 años:

  • El sobrepeso es el IMC para la edad con más de una desviación típica por encima de la mediana establecida en los patrones de crecimiento infantil de la OMS, y
  • La obesidad es el IMC para la edad mayor que dos desviaciones típicas por encima de la mediana establecida en los patrones de crecimiento infantil de la OMS.

La OMS tiene publicadas estas tablas en su página web. http://www.who.int/childgrowth

La magnitud del problema de la obesidad en la infancia es sobrecogedora. Para el 2014, la OMS calculó que a nivel mundial, había 41 millones de niños menores de 5 años que presentaban sobrepeso u obesidad. Y con el crecimiento actual, se estima que para el 2025, habrá 70 millones de niños menores de 5 años con sobrepeso y obesidad.

Hasta hace 30 años, la mayoría de niños obesos se encontraban en países desarrollados, pero actualmente, estos se han duplicado en los países en desarrollo, generando una doble carga, la malnutrición por déficit y por exceso.

Según el Ministerio de Protección Social, uno de cada seis niños y adolescentes presentan sobrepeso u obesidad en Colombia.

Ahora vamos a ver qué efecto tiene la obesidad infantil:

  • La mayoría de niños que son obesos en la infancia y adolescencia, siguen siéndolo cuando llegan a adultos.
  • Esto es importante porque el exceso de grasa corporal se asocia a la aparición temprana de enfermedades no trasmisibles como la diabetes, hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular, entre otras. Esto implica que el daño metabólico generado desde la infancia y adolescencia impacta sobre la calidad de vida de estas personas en etapas más tempranas de su vida adulta, reduciendo su capacidad educacional y laboral a futuro. A su vez, esto también tiene un impacto sobre la familia, el entorno laboral, el social y el macroeconómico.
  • El riesgo de obesidad puede ser trasmitido de una generación a otra mediante factores epigenéticos. Esto quiere decir que los genes para la obesidad se “activan” en la persona obesa y al tener hijos, trasmite estos genes activados. En varios estudios se ha encontrado que los hijos de un padre obeso tiene el 50% de probabilidad de ser obesos, y cuando ambos padres son obesos, esta probabilidad sube al 80%. Otro aspecto es que cuando los padres son obesos, se producen conductas culturales con respecto al tipo de comida ingerida en el hogar y los patrones de ejercicio. Esto quiere decir que se le enseña a los hijos a ser obesos.
  • Los niños no son culpables de ser obesos. Vemos con frecuencia en el consultorio que cuando se les dice a los padres que el niño o niña está “pasadito/a de peso”, miran al niño y le dicen “Se lo he dicho muchas veces, no coma tanto.” Pero, ¿quién es el responsable de los alimentos que se llevan al hogar, de lo que se cocina y la cantidad que se consume? Nosotros como padres o como médicos tenemos la obligación de educar a los niños en la forma más saludable de comer.

La obesidad se debe a muchos factores, tanto genéticos como ambientales. Actualmente el ambiente en que viven nuestros niños es altamente obesogénico debido especialmente la cantidad de comidas altas en azucares y grasas inadecuadas y con bajo contenido de nutrientes que están disponibles a muy bajo costo. Una gaseosa tiene menor valor que el equivalente de la leche, por ejemplo. Además, los niños están bombardeados por la publicidad que hace que quieran comer este tipo de productos.

¿Qué podemos hacer para ayudar a nuestros hijos a evitar la obesidad o bajar de peso si ya están obesos?

Estudios donde se observa la relación de los padres e hijos con respecto a la alimentación han encontrado que cuando los padres intentan controlar lo que comen sus hijos o cuando utilizan ciertas comidas como recompensa por sus comportamientos, se produce una relación inadecuada con la comida, con el resultado de que se come de mas y que los niños reportan insatisfacción con sus cuerpos. La conclusión de los estudios es que debemos dar ejemplo. Debemos enseñar a comer correctamente, comiendo nosotros correctamente.

Algunas medidas que podemos tomar para evitar el sobrepeso y obesidad en los niños son:

  • Comer abundantes vegetales, entre más variados, mejor. Para obtener el contenido calórico de una tajada de pan, hay que comer alrededor de 8 cabezas de brócoli, algo difícil aún para un adulto. Y hacerlo con gusto. Los niños aprenden mediante el ejemplo. Si le hace mala cara a la ensalada, el niño se percata rápidamente y dejará de comerla.
  • Comer leguminosas como las lentejas o frijoles unas dos veces por semana. Son ricas en fibra, además de proteínas y minerales. Las personas que tienen problemas de resistencia a la insulina (diabéticos o pre-diabéticos) no deben consumir más de una taza diaria dos veces por semana, ya que puede elevar el nivel sérico de insulina.
  • Agregar frutas frescas a la dieta, preferiblemente enteras, ya que cuando se licuan, se exponen los azúcares de la fruta y se hacer fácilmente absorbibles, elevando los niveles séricos de insulina.
  • Comer proteínas en cada comida principal. La digestión de la proteína se inicia en el estómago y hasta que no se logra cierto grado de digestión, no sale del estómago, por lo que produce sensación de saciedad por un periodo de tiempo más prolongado.
  • Consumir grasas sanas como el aceite de oliva, rico en ácidos grasos omega 3 (tienen efecto anti-inflamatorio), aguacate, coco, nueces y peces como las sardinas y el salmón, ambos también ricos en ácidos grasos omega 3 y con menor riesgo de contaminación con mercurio.
  • Evitar las comidas procesadas ya que durante el proceso industrial, se pierden nutrientes como vitaminas, minerales y fitonutrientes. Además, para prolongar la vida en anaqueles, se les agregan químicos preservantes que han demostrado tener efectos negativos para la salud. Por otro lado, también se contienen colorantes y saborizantes, algunos que pueden ser cancerígenos.

Pero lo principal es que como modelos de vida para nuestros hijos, nosotros tenemos que darles el ejemplo de cómo llevar una dieta y un estilo de vida saludable.

 

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