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COLESTEROL SÉRICO Y ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR

Cuando hablamos de colesterol y enfermedad cardiovascular, existe cierto grado de confusión en cuanto al rol verdadero del colesterol en la producción de la enfermedad cardiovascular. Para clarificar esta confusión, lo primero que hay que hacer es definir que es el colesterol.

Técnicamente, el colesterol no es una grasa.  Es un esterol, que es la combinación de un esteroide con alcohol. Además, hay que clarificar que no se pueden tomar niveles de colesterol en sangre, ya que colesterol es una sustancia lipo-soluble (soluble en grasas) y por lo tanto no puede estar libre en el medio sanguíneo que es acuoso. Para que el colesterol pueda ser transportado hacia los diferentes órganos en el  flujo sanguíneo, requiere de un transportador especial llamado lipoproteína.

Las lipoproteínas son básicamente transportadores de colesterol, diversos tipos de grasas y de nutrientes liposolubles como las vitaminas A, D, E y K, y la coenzima Q10. Están compuestas de una membrana formada por fosfolípidos y pequeñas cantidades de colesterol libre,  un centro compuesto de grasas (también llamados triglicéridos), esteres de colesterol (colesterol unido a ácidos grasos) y vitaminas liposolubles, y una proteína llamada apoproteína, que se teje entre la membrana de fosfolípidos. Las lipoproteínas se clasifican según su densidad. Las más importantes en relación a la enfermedad cardiovascular son las lipoproteínas de baja densidad (LDL por sus siglas en inglés) y las lipoproteínas de alta densidad (HDL por sus siglas en inglés)

Fig. 1. Estructura de las lipoproteínas.

Fig. 1. Estructura de las lipoproteínas.

Si pensamos en las lipoproteínas como un bus, el centro es la sección de pasajeros y los pasajeros son el colesterol, las grasas y los nutrientes liposolubles.

La carrocería del bus correspondería a la membrana de fosfolípidos, que tiene dos caras, una interna, soluble en grasa y una externa, soluble en agua, la cual permite que se desplace por la sangre.

La apoproteína es como el conductor del bus. Esta interactúa con receptores en la superficie de las células y así determina hacia donde debe dirigirse la lipoproteína, donde se parquea y donde descienden sus pasajeros.

Hasta finales del siglo pasado, los científicos pensaban que la cantidad de pasajeros del bus (o sea, la concentración de colesterol en las LDL) era el factor determinante de la enfermedad cardiovascular. Pero estudios recientes siguieren que más que el número de pasajeros en el bus (colesterol), es el número total de buses circulantes (partículas de LDL) el factor de mayor importancia.

Para continuar con la analogía de los buses, estos circulan por los vasos sanguíneos, que tienen una capa interna delgada de una célula de profundidad, llamada endotelio. Entonces, si tenemos muchos buses circulando por estas carreteras (arterias), hay mayor posibilidad de que estos buses (partículas de LDL), “choquen” contra las paredes frágiles de las carreteras y penetren en las paredes de estas.

La importancia de esto es que cuando se le ordena un examen para determinar el colesterol, se medirá el colesterol total y las concentraciones de colesterol en las LDL y HDL, lo cual nos indicará la concentración de colesterol (los pasajeros en la analogía anterior) , pero no nos indicará el número de buses (número de partículas de LDL circulantes), que es el factor principal en el desarrollo de la placa ateromatosa y el riesgo de enfermedad cardiovascular.

En general, hay una correlación entre el nivel de colesterol en las LDL y el número total de partículas de LDL. Si las LDL están bajas, probablemente el número de partículas circulantes de LDL también están bajas, y viceversa. Pero hay casos en los cuales se puede tener niveles normales o bajos de colesterol, pero un número alto de partículas de LDL. Esto puede dar la falsa seguridad de que el riesgo cardiovascular es bajo.

Lo peor de esto, es que las personas que tienen este tipo perfil, son las que tienen mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, y frecuentemente se asocian con el síndrome metabólico.

Por otro lado varios estudios muestran una asociación entre bajo riesgo cardiovascular y niveles elevados de HDL.

Ahora, aunque es verdad que la evaluación del número de partículas de LDL es superior a la medición de la concentración del colesterol en las partículas de LDL para evaluar el riesgo de enfermedad cardiovascular, hay que tener en cuenta que esto es un marcador de riesgo para una enfermedad, no es la enfermedad.  El tener el factor de riesgo para una enfermedad no garantiza que va a padecer la enfermedad, solamente incrementa el riesgo de que en algún momento dado la presente.

La enfermedad cardiovascular es una patología compleja y multifactorial. La probabilidad de suframos de un infarto cardíaco depende de muchos factores, entre ellos, la genética, la dieta, el estilo de vida y el entorno en que vivimos. Por lo que, para prevenir la enfermedad cardiovascular, no debemos abordar únicamente el número de partículas de LDL circulantes, sino también todos los otros factores de riesgo, en especial aquellos que pueden ser modificables con cambios de hábitos de vida como la dieta, el manejo del estrés, el ejercicio y los hábitos de sueño.

 

Palabras claves: enfermedad cardiovascular, colesterol, cLDL, partículas LDL

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