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CARBOHIDRATOS, HORMONAS Y OBESIDAD

Hasta hace unos 10.000 años, cuando el apareció la agricultura, la especie humana no tenía acceso fácil a los carbohidratos simples (azúcar o harinas refinadas) ni tampoco a los carbohidratos más complejos como las frutas (eran de temporada) o los tubérculos. Esto llevó al desarrollo de mecanismos biológicos de señalización para poder sobrevivir en tiempos de escasez.

Con la gran disponibilidad de alimentos en el mundo actual, especialmente en los países desarrollados, esto mecanismos biológicos se han vuelto en contra nuestra, propiciando el sobrepeso y la obesidad.

Estos mecanismos biológicos pueden bloquear los depósitos de grasas e impedir que sean utilizados como fuente de energía.

Habitualmente comemos en forma episódica y tenemos un superávit temporal de calorías. Estas calorías fluyen hacia el cuerpo como una ola y entonces se produce a liberación de la hormona llamada insulina, la hormona del depósito. La insulina debe incrementarse en la sangre para dirigir este superávit de calorías hacia los sitios de depósito que son, el tejido adiposo, los músculos y el hígado.

Después de algunas horas en que no hemos vuelto a comer, la insulina empieza a disminuir y esas calorías que habían sido depositadas, fluyen desde los sitios de depósito hacia la sangre para estar disponibles para todas las células, pero en especial las células cerebrales.

https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=7443154

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Cuando comemos comidas hechas con harinas refinadas y azúcares, como los panes y pastas, los niveles de insulina se elevan en forma exagerada y esto suprime otra hormona llamada glucagón, la hormona que permite la salida de las calorías depositadas en los tejidos. Entonces, con la supresión del glucagón, se le está señalizando fuertemente al cuerpo para que guarde las calorías y no las deje usar. Esto hace que horas después de la comida, cuando las calorías deberían estar fluyendo hacia la sangre, estas sigan atrapadas en los tejidos.

El cerebro percibe que las calorías de la sangre están disminuyendo porque su funcionamiento depende absolutamente de estas calorías y entra en un estado de alerta y estimula la sensación de hambre, esos retorcijones y sensación de vacío en el estómago.

Su cuerpo tiene suficientes calorías depositadas, pero no están saliendo hacia la sangre. Si no come, el nivel de calorías sigue bajando en la sangre hasta un punto en que se entra en emergencia metabólica. En este momento, el cerebro hace que solo piense en comida. Además se liberan hormonas de estrés como la adrenalina y cortisol, que intentan sacar las calorías de los depósitos y eventualmente logran que algunas calorías salgan.

Estos ciclos de exceso de calorías inicial y luego déficit de calorías, llevan al aumento de peso.

La solución a este proceso cíclico es tener una dieta en la cual el ingreso de calorías sea más suave para evitar el incremento exagerado de insulina y así, podamos tener acceso a esa caloría 3-4 horas después de las comidas, y  que tengan un efecto hormonal positivo.

Esto se logra con comidas con alto contenido de fibra, grasas sanas y proteínas.

Cada comida, incluyendo el desayuno debe contener estos tres elementos. La fibra se puede obtener por ejemplo, con una tortilla de huevo con espinacas. Aquí tenemos todo, la fibra de las espinacas, la proteína de la clara del huevo y las grasas de la yema del huevo. Esta comida nos llena por varias horas, y como no se produce un aumento de la insulina sanguínea, se logra que se active el glucagón y permita la salida de las calorías depositadas en el tejido graso.

En el almuerzo y en la cena, debemos siempre tener una buena ensalada que llene al menos la mitad del plato, una proteína del tamaño de la palma de la mano y una harina sana como una papa pequeña o una cucharada grande de arroz. Esto hace el mismo efecto de evitar los incrementos importantes de glucosa en sangre con su correspondiente respuesta elevada de insulina.

 

PALABRAS CLAVE: respuesta insulínica a ingesta de carbohidratos, hormonas y carbohidratos, causas de la obesidad, insulina

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